Somos un medio de comunicación independiente cuyo propósito siempre ha sido y será mantener informados a nuestros lectores con las noticias más relevantes del país y el mundo, ayúdanos a mantenernos y a crecer para poder seguir compartiendo noticias y artículos de interés a diario.

Nos puedes ayudar desde $1.000 pesos colombianos

¿Una guerra más… pero esta vez sin que nadie la pidiera?

¿Una guerra más… pero esta vez sin que nadie la pidiera?
Imagen de: Freepik

A veces tengo la sensación de que la historia no solo se repite, sino que lo hace con la arrogancia de quien sabe que la mayoría no está prestando atención. Basta ver las noticias un par de días seguidos para notar que ciertos líderes del mundo están jugando una partida de ajedrez con piezas que no les pertenecen—porque las piezas somos nosotros, los ciudadanos comunes, los que sí tenemos algo que perder.

Y no es una exageración. Miremos lo que está ocurriendo entre Rusia y Ucrania. Una guerra que ya lleva años, que ha dejado miles de muertos, millones de desplazados, y que sigue sin una solución clara. ¿Quién pidió esa guerra? ¿Los ucranianos que solo querían vivir en paz? ¿Los rusos que ahora ven a sus hijos ser enviados al frente? No. Fue una decisión tomada en los pasillos del poder, con discursos de “seguridad nacional” y “zonas de influencia”, mientras la gente común paga el precio.

Le puede interesar: En un mundo de fantasías rotas

Y ahora, el conflicto entre Irán e Israel ha escalado a niveles que hace unos años parecían impensables. Misiles sobre Tel Aviv, bombardeos en Teherán, amenazas de intervención global. Estados Unidos ha desplegado tropas en el Golfo Pérsico, mientras Rusia y China observan con atención, listos para mover sus fichas. ¿Y nosotros? Nosotros solo queremos que no se nos venga el mundo abajo.

Lo curioso es que no se trata solo de un país ni de un bando. Parece que estamos en una especie de carrera armamentista del discurso, donde cada político quiere tener la última palabra, mostrarse más “valiente”, más patriota, más firme… aunque eso signifique arrastrar a millones hacia una escalada militar que pocos desean y menos aún comprenden.

Nos dicen que todo es por seguridad, por la patria, por la defensa de los valores. Pero muchas veces lo que realmente se defiende no son valores compartidos, sino intereses ocultos: contratos millonarios, recursos, posiciones geopolíticas o simplemente egos inflados con poder.

Y sí, yo sé que el mundo está convulso. Que hay amenazas reales, que no todo es blanco o negro. Pero ¿acaso el camino inevitable es siempre la confrontación? ¿No hay espacio para la pausa, para el análisis profundo, para preguntarnos si estamos cayendo una vez más en el ciclo tóxico de provocación-respuesta-escalada-guerra?

Lo más inquietante es que hay una especie de consenso forzado. Si cuestionas la narrativa oficial, te etiquetan enseguida: “ingenuo”, “traidor”, “pro enemigo”. Como si la única forma de amar a tu país fuera aplaudir en silencio cada vez que sus dirigentes deciden tensar la cuerda un poco más.

Y aquí estamos. Con amenazas cruzadas en discursos oficiales, movimientos militares disfrazados de ejercicios, alianzas que se consolidan no por solidaridad real, sino por conveniencia estratégica. Mientras tanto, el ciudadano de a pie solo quiere vivir tranquilo, trabajar, amar, cuidar a los suyos… y no tener que mirar al cielo temiendo drones ni misiles.

No es apatía. Es hartazgo. Estamos cansados de ser el eco de discursos que no nos representan, de vivir en sociedades donde se invierte más en armas que en escuelas o hospitales. Cansados de ver a líderes que no pisan un campo de batalla, pero mandan a otros a morir por causas que ni siquiera han sido debatidas con transparencia.

No soy ingenuo. Sé que hay conflictos que no se resuelven con flores ni con discursos. Pero también sé que muchas guerras han comenzado con palabras mal medidas, con provocaciones innecesarias, con silencios cómplices. Y lo más triste: con ciudadanos que, por miedo o por costumbre, decidieron callar.

Tal vez ya sea hora de que se escuche otra voz. No la del analista de turno ni la del político que ya piensa en su próxima elección, sino la de la gente. Esa que no aparece en los titulares, pero que sufre las consecuencias. Esa voz que dice, con claridad y sin rodeos: esta guerra no es nuestra, y no queremos ser arrastrados a ella.

Que no nos vendan paz disfrazada de pólvora. Que no nos exijan lealtades ciegas. Que no nos callen con banderas. La lealtad también se demuestra cuando uno se atreve a decir: basta.

Lee también: Una guerra diferente…

Por: Jean Carlos Guerra
Instagram: @jeanguerra.95
Imagen: Freepik
*Las opiniones expresadas no representan la posición editorial de Zona Captiva. Es responsabilidad exclusivamente del autor.

Únete a Google News, Facebook, Twitter, Instagram, Tiktok, Threads, LinkedIn, YouTube, Canal de WhatsApp y sé Miembro en Zona Captiva.