
Colombia amaneció el pasado lunes 30 de junio con una noticia que, aunque esperada por su avanzada edad, no deja de estremecer por la fuerza simbólica que representa: falleció Nydia Quintero de Balcázar, ex primera dama de la Nación, abuela del senador Miguel Uribe Turbay, y sobre todo, madre de una de las causas sociales más importantes que ha tenido el país: la solidaridad hecha institución.
Doña Nydia, como todos la conocían, fue mucho más que la esposa de un presidente. Su paso por la Casa de Nariño (1978-1982) no la encasilló en el rol decorativo que muchas veces se les asigna a las primeras damas. Ella asumió una tarea que rompió esquemas: llevar la ayuda del Estado y del sector privado al corazón de las necesidades sociales más urgentes. Lo hizo con carácter, con dulzura y con visión de largo aliento.
En 1975, incluso antes de ocupar el Palacio presidencial, fundó la Fundación Solidaridad por Colombia, organización que hoy cumple medio siglo de servicio al país. Esa no fue una obra de paso. Fue el proyecto de vida de una mujer convencida de que el cambio comienza cuando se deja de mirar hacia arriba esperando soluciones, y se empieza a mirar al otro, al que está al lado, tendiéndole la mano.
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Durante cinco décadas, su fundación tocó miles de vidas, especialmente en temas de educación, nutrición y fortalecimiento familiar. No buscó protagonismo, sino resultados. En un país tan golpeado por la desigualdad, ese trabajo silencioso fue oxígeno para muchas familias que encontraron en Solidaridad por Colombia una tabla de salvación.
Quizás su mayor legado no esté en cifras ni en premios —aunque fue reconocida nacional e internacionalmente— sino en una palabra que la definió hasta el final: mamá. Así la llamaban sus beneficiarios. No presidenta, ni señora, ni fundadora. Mamá Nydia. Porque su forma de ayudar no fue desde el escritorio ni con discursos. Fue con cercanía, con calidez, con el sentido profundo de la maternidad social.
Su nieto, Miguel Uribe, ha sido una figura política polémica para algunos, pero innegablemente ha sido un portador del legado de su abuela. Lo ha hecho desde otra trinchera, pero con un mismo fin: servir. En estos días, mientras él mismo se recupera en una clínica, el país despide a quien fue su guía personal y moral. A veces la vida tiene estos giros extraños que nos recuerdan la fragilidad humana, pero también la continuidad de los ideales.
Nydia Quintero se va a los 93 años dejando una Colombia mejor. Más humana. Más solidaria. Su figura, discreta y firme, representa una de esas rarezas en la historia política del país: una mujer de poder que no buscó poder, sino propósitos.
Ahora nos corresponde a nosotros, como sociedad, continuar su camino. Porque si algo enseñó Mamá Nydia fue que la solidaridad no es una emoción, es una decisión. Un acto diario. Un modelo de país posible.
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Por: Daniel Felipe Carrillo
Instagram: @felipecarriloh1
Imagen: Archivo Zona Captiva
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