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Cuando la violencia redefine el último año

Cuando la violencia redefine el último año
Imagen de: Cortesía

El 21 de agosto de 2025 pasará a la historia de Colombia como un día funesto, marcado por dos atentados coordinados que sacudieron el alma del país. Un camión cargado de explosivos detonó en la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez, en Cali, cobrando la vida de civiles e hiriendo a decenas. Al mismo tiempo, un helicóptero policial enviado a erradicar cultivos ilícitos fue derribado en Amalfi, Antioquia, en un ataque con dron que dejó numerosos policías muertos. Estas tragedias no ocurren en el vacío, sino en un contexto donde las disidencias de las FARC, especialmente las facciones del Estado Mayor Central con vínculos con el narcotráfico, evolucionan hacia tácticas cada vez más sofisticadas y letales.

El presidente Gustavo Petro ha reaccionado con firmeza, declarando estos actos como terrorismo y señalando al EMC, la Segunda Marquetalia y el Clan del Golfo como organizaciones terroristas. Estas acciones buscan sembrar miedo, minar la confianza ciudadana y entorpecer la gobernabilidad, sobre todo en este que es el último año de su mandato. La pregunta es inevitable: ¿Cómo saldremos de esta encrucijada?

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Los atentados no solo cobraron vidas, también golpearon la moral nacional. La aparición de drones como herramientas de guerra representa una peligrosa evolución del conflicto armado en Colombia. La población civil, atrapada entre la violencia y la desprotección, exige respuestas urgentes y efectivas. Las instituciones están frente a una prueba de fuego: deben demostrar capacidad, inteligencia, coordinación y transparencia. Las medidas anunciadas, como la declaración de estado de conmoción interna, el ofrecimiento de recompensas y el despliegue militar, deben ir acompañadas de estrategias sociales y de construcción de confianza.

No podemos permitir que el miedo se convierta en nuestro nuevo normal. Más allá del despliegue de fuerza, se requiere un trabajo articulado con las comunidades, fortaleciendo la inteligencia ciudadana, protegiendo a quienes denuncian y creando sistemas de alerta temprana. Es fundamental invertir en educación, memoria histórica y reconciliación, porque el terror no se derrota solo con armas, sino con cohesión social. También es momento de reforzar alianzas internacionales, obteniendo apoyo técnico y supervisión en la lucha contra el narcotráfico, sin dejar de garantizar los derechos humanos.

Hoy, más que nunca, la ciudadanía tiene un papel que desempeñar. Informarse y difundir solo información verificada, apoyar a las víctimas y exigir transparencia a las autoridades son acciones concretas que pueden marcar la diferencia. El silencio y la indiferencia son cómplices del miedo. No podemos quedarnos inmóviles. El futuro de Colombia se juega en nuestra capacidad colectiva de defender la vida, la paz y la democracia. Que el dolor de hoy se convierta en la fuerza que nos impulse a no ceder ni un centímetro al terror.

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Por: Daniel Felipe Carrillo
Instagram: @felipecarriloh1
Imagen: Archivo Zona Captiva
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