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No son “vejetes”, son leyendas: la reflexión que incomoda sobre nuestros actores mayore

No son “vejetes”, son leyendas: la reflexión que incomoda sobre nuestros actores mayores
Imagen de: Radio Nacional

En un video que ha despertado conversación en redes, la actriz Adriana Romero lanzó una reflexión tan directa como necesaria: ¿Por qué en Colombia se tiende a llamar “vejetes” a los actores mayores, como si la edad fuera un motivo de burla o descarte? Lo dijo con emoción, refiriéndose a su madre, la legendaria Judy Henríquez, una de las figuras más queridas y respetadas de la televisión nacional.

Sus palabras no son solo una defensa maternal, sino un reclamo que toca una herida profunda en la industria. En un país donde la memoria parece frágil y el brillo del momento vale más que la trayectoria, el reconocimiento hacia quienes construyeron el arte escénico se desvanece entre la indiferencia y el olvido.

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Romero no habló desde la queja, sino desde la tristeza de ver cómo el tiempo convierte en invisibles a los pilares del teatro y la televisión. Su mensaje confronta una realidad incómoda: a los actores mayores se les aplaude en retrospectiva, pero se les niega protagonismo en el presente.

El término “vejete”, que algunos usan con ligereza o humor, es en realidad un síntoma de una cultura que teme envejecer. Se ridiculiza la edad porque se la asocia con inutilidad, y se olvida que la vejez también es un triunfo: el de haber sobrevivido, aprendido, amado, creado y resistido en un medio donde pocos logran durar.

Adriana Romero puso sobre la mesa una verdad que muchos prefieren ignorar. Su madre —Judy Henríquez— no solo es parte de la historia de la televisión colombiana: es una maestra, una figura que inspiró generaciones de artistas cuando la actuación no se medía por seguidores, sino por entrega y talento.

El respeto a los mayores no debería depender de la nostalgia, sino de la coherencia. La industria no puede hablar de inclusión si excluye a quienes ya no son jóvenes. No puede celebrar la “diversidad” si niega espacio a las arrugas, a las canas y a la experiencia.

Lo que dijo Adriana Romero no fue una queja, fue un recordatorio: no estamos cuidando nuestra memoria artística. Los “vejetes” no existen. Existen los pioneros, los maestros, los actores que abrieron caminos cuando actuar era un acto de fe.

Quizás ha llegado la hora de mirarlos no con lástima ni con burla, sino con gratitud. Porque sin ellos, no habría escenario, ni historia, ni identidad que contar.

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Por: Daniel Felipe Carrillo
Instagram: @felipecarriloh1
Imagen: Radio Nacional
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