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Niños y redes sociales: cuatro claves para la educación digital en un mundo hiperconectado

Niños y redes sociales: cuatro claves para la educación digital en un mundo hiperconectado
Imagen de: Cortesía

El 44,7% de los menores en Colombia enfrenta problemas de salud mental relacionados con el uso excesivo de dispositivos.

El momento en que un menor recibe su primer smartphone suele desatar una ola de dudas y temores en el hogar. Para muchos padres, el dispositivo se percibe como una amenaza latente vinculada a la distracción, la dependencia y la exposición a contenidos inadecuados. Sin embargo, en pleno 2026, la discusión ha evolucionado: el celular ya no es solo un objeto de ocio, sino una plataforma esencial para el aprendizaje y el desarrollo de habilidades tecnológicas. El desafío actual no radica en la prohibición, sino en el acompañamiento y la falta de criterios claros para su uso.

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En Colombia, la realidad digital de la infancia es contundente. Según la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), el 61% de los menores ya posee un teléfono móvil, y el uso de redes sociales escala drásticamente con la edad, llegando al 77% en adolescentes de 14 a 17 años. Los datos indican que los jóvenes consumen un promedio de 8,9 horas de contenido diario, lo que convierte a la tecnología en un elemento estructural de su cotidianidad, afectando rutinas de sueño, autoestima y formas de socialización.

Cifras de consumo y salud mental en el país

La dimensión emocional de este fenómeno es la que más preocupa a las autoridades sanitarias. De acuerdo con cifras de UNICEF, el 44,7% de los niños y adolescentes en el país experimenta problemas de salud mental. Además, se estima que 1 de cada 4 jóvenes presenta síntomas de adicción, ansiedad o depresión vinculados al uso desmedido de las plataformas digitales. Estos indicadores demuestran que la alfabetización digital es una necesidad urgente para evitar que el consumo sin límites se transforme en un riesgo real para el bienestar emocional.

El papel de los padres en la guía tecnológica

Diversos organismos internacionales, como la UNESCO, sostienen que limitar el acceso a la tecnología sin una formación previa no soluciona el problema, sino que amplía la brecha de conocimiento. En este contexto, el enfoque debe trasladarse de la vigilancia a la orientación. Las marcas líderes del sector, como HONOR, proponen que la conversación inicie desde los adultos para fomentar hábitos saludables y definir una relación consciente entre padres e hijos.

La premisa es que la tecnología no debe sustituir la crianza, sino complementarla bajo una guía constante. Jorge Forero, Senior Marketing Manager de HONOR Colombia, destaca la importancia de este cambio de visión: “Durante años se ha señalado al celular como el enemigo, pero la conversación real debe centrarse en el acompañamiento. La tecnología no reemplaza la crianza; necesita guía, conversación y límites claros para convertirse en una aliada del desarrollo. Hoy, el reto para los padres no es decidir si sus hijos deben o no usar tecnología, sino cómo ayudarlos a construir una relación saludable con ella”.

Tecnología con criterio: recomendaciones prácticas

Educar digitalmente implica enseñar a los menores que no todo el tiempo frente a una pantalla tiene el mismo valor. Es fundamental diferenciar entre el consumo pasivo de contenidos y el uso de herramientas para la creación o el estudio. El propósito de la actividad es lo que define su impacto en el desarrollo del menor. Para lograr este equilibrio, los expertos recomiendan establecer límites claros y acuerdos familiares que protejan los espacios de desconexión, como las comidas y las horas de descanso.

Fomentar la confianza es otro pilar esencial. Conocer las plataformas que habitan los hijos y entender con quién interactúan permite detectar riesgos de forma temprana. Asimismo, el ejemplo de los adultos es determinante, ya que los niños tienden a replicar los comportamientos que observan en casa. Sobre este punto, Jorge Forero añade: “Educar digitalmente no significa vigilar todo, sino enseñar criterio. El objetivo no es criar niños desconectados, sino formar jóvenes capaces de usar la tecnología con inteligencia, seguridad y autonomía”.

Hacia una autonomía digital responsable

En un mundo profundamente digitalizado, alejar a los niños de la tecnología no garantiza su protección, sino que puede dejarlos desarmados ante los retos del futuro. La verdadera seguridad reside en la capacidad de los jóvenes para navegar con criterio y responsabilidad. La pregunta central para las familias ya no es cuándo entregar un dispositivo, sino cómo asegurar que, al hacerlo, el menor cuente con el respaldo y la educación necesaria para aprovechar sus beneficios.

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La educación digital se consolida así como una herramienta de empoderamiento. Al integrar la tecnología como una aliada del aprendizaje y la comunicación, y no como una simple puerta a la distracción, se construyen entornos más seguros. Este cambio de paradigma busca transformar el miedo inicial en una oportunidad para fortalecer el vínculo familiar y preparar a las nuevas genera

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